Primo Levi era un italiano judío licenciado en química. En 1943 se unió a la resistencia antifascista pero un año después fue arrestado por la milicia fascista que lo entregó al ejército de ocupación alemán. Fue deportado a Auschwitz (donde también enviaron a Anna Frank) y allí pasó diez meses.
Si esto es un hombre es el libro que inaugura la triología que Levi dedicó a los campos de exterminio. Estos fueron concebidos como una necesidad, la necesidad de contar lo que había sucedido.
La única poesía que he sido capaz de aprenderme es suya, de este libro:
Los que vivís seguros
en vuestras casas caldeadas.
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
la comida caliente y los rostros amigos:
Considerar si es un hombre
quien trabaja en el fango
quien no conoce la paz
quien lucha por la mitad de un panecillo
quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
quien no tiene cabellos ni nombre
ni fuerzas para recordarlo
vacía la mirada y frío el regazo
como una rana invernal.
Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
al estar en casa, al ir por la calle,
al acostaros, al levantaros;
repetídselas a vuestros hijos.
O que vuestra casa se derrumbe,
la enfermedad os imposibilite,
vuestros descendientes os vuelvan el rostro.
En Si esto es un hombre hay relatos espeluznates sobre lo qué es capaz de hacer el hombre, pero hay uno que me marcó profundamente. Un hombre iba a ser horcado publicamente, delante de todos los recluidos en el campo, por haber tomado parte en una revuelta; uno de los crematorios de Birkenau había sido hecho saltar por los aires.
Pero todos oyeron el grito del moribundo, éste traspasó las gruesas y antiguas barreras de la inercia y de sumisión, golpeó el centro vivo del hombre en cada uno de nosotros:
- Kamaraden, ich bin der Letze! (¡Compañeros, yo soy el último!)
Me gustaría poder contar que entre nosotros, rebaño abyecto, se hubiese levantado una voz, un murmullo, un sigo de asentimiento. Pero no sucedió nada. Hemos continuado en pie, encorvados y grises, con la cabeza inclinada, y no nos hemos descubierto la cabeza más que cuando el alemán nos lo ha ordenado. (…)
Al pie de la horca, los SS nos veían pasar con miradas indiferentes: su obra estaba realizada y bien realizada. Los rusos pueden venir ya: ya no quedan hombres fuertes entre nosotros, el último pende ahora sobre nuestras cabezas, y para los demás, pocos cabestros nos han bastado. Pueden venir los rusos: no nos encontrarán más que a los domados, a nosotros los acabados, dignos ahora de la muerte inerme que nos espera.
El 11 de abril de 1987 la portera descubrió el cuerpo de Primo Levi que yacía en un rellano. La policía supuso que el superviviente de Auschwitz se había suicidado arrojándose por las escaleras

4 comments
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Mayo 9, 2008 en 12:02 pm
charliedrums87
ese poema es famosísimo, y tremendo. algún día conseguiré regalarte la trilogía de auschwitz ;D
Mayo 9, 2008 en 2:47 pm
hechizos
Me dijiste que te encantó este libro y el poema de nuestro amigo Leví en particular. Es magnífico. Saludos y hasta la próxima.
Mayo 10, 2008 en 10:00 pm
adriano
que poema, tengo que leerme esos libros
por cierto es la 1 que paso por aqui y llegue de casualidad xD me pasare por aqui me gusta tu blog ^^
chao
Mayo 26, 2008 en 12:53 pm
juanjosejj
sabemos que es una mala época para sacar tiempo de donde sea y poder actualizar, pero esperamos tu próximo post como agua de mayo. un saludoooo