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El jueves pasado, termino la Semana Cultural de la Facultad de Comunicación de Sevilla. Por este motivo se organizaron una serie de conciertos, aunque la organización brillo por su ausencia. Se retrasó más de una hora ya que se empezó la prueba de sonido a la misma hora que se suponía comenzarían los conciertos. Pero salvo esto y el enorme calor que hacía, The Translators, el único grupo que escuché, hizo un gran concierto. Son un grupo sevillano, que intentan ganarse la vida con la música. Si queréis ayudarles sólo tenéis que entrar en http://www.samsungrockandcall.com y votadles…con cinco estrellas eh.
La fotografía es de Juan Blanco Arellano http://nariopics.deviantart.com/
Ya sé que el post llega un poco tarde…
Leer según la Real Academia Española es pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados. A mi es algo que siempre me ha gustado hacer. Pero, ¿de qué sirve leer? Muchos opinan que para nada, pero dejaré éstas a un lado. Te aporta conocimientos, te permite viajar sin moverte del sitio y es una buena forma de aprender nuevo vocabulario. Sin embargo, es un ejercicio no tan sencillo como apunta la rae. Necesitamos concentración para comprender lo que se nos está diciendo. Es un esfuerzo bastante grande para los tiempos que corren, donde se pide que todo sea rápido y sencillo. No obstante, esa es otra discusión.
Vuelvo a la pregunta anterior pero le añado algo más, ¿de qué sirve leer si luego todo lo leído se borra, se esfuma de nuestra mente? Esa es la reflexión de Arthur Schopenhauer en un ¿artículo?, que me ha llegado a través de una asignatura (Literatura y periodismo), llamado Pensar y leer. Dejo algunos fragmentos.
Mientras estamos leyendo, nuestra cabeza es, en realidad, un campo de juego de pensamientos ajenos. Y cuando éstos se retiran, ¿qué es lo que queda? Por esta razón, sucede que quien lee mucho y durante casi todo el día, y en los intervalos se ocupa en actividades que no requieren reflexión, gradualmente pierde la capacidad de pensar por sí mismo.
… del mismo modo que los alimentos nos nutren, no porque los comemos, sino porque los digerimos. Si se lee de continuo, sin pensar después en ello, las cosas leídas no echan raíces y se pierden en gran medida. El proceso de alimentación mental no es distinto del corporal: apenas se asimila la quincuagésima parte de lo que se absorbe. El resto se elimina por evaporación, respiración, etcétera.
Leyendo libros no podemos adquirir de los escritores sus cualidades literarias (…). Pero si estamos dotados de estad cualidades, es decir, si las poseemos in potentia, podremos sacarlas a la luz y llevarlas a la consciencia, podremos aprender a usarlas, se verá fortalecida la inclinación a emplearlas y el valor para hacerlo en realidad, podemos con ejemplos juzgar el efecto de su empleo y aprender así el uso correcto del mismo.
Escribir es una gran forma para reflexionar sobre lo que uno lee.
Le Petit Prince (El Principito) es uno de los primeros libros que recuerdo haber leído. Su autor es Antoine de Saint Exupéry, quien escribió otros libros basados en su experiencia como piloto. Algunos son El Aviador, Vuelo Nocturno o Correo del Sur entre otros. Pero sin duda su libro más famoso es este.
Según he leído en la Wikipedia “a un asteroide ( #2578 ) le fue otorgado el nombre de Saint-Exupéry en 1975 honor a su reconocimiento mundial”.
Se trata de un relato ilustrado por él mismo donde el tema central es la amistad que traba con el principito, un niño que proviene del asteroide B 612, mientras está en el desierto del Sahara tras haber sufrido una avería en el motor de su avión. El Principito llega a la tierra tras haber visitado seis asteroides, donde conoce a sus habitantes, uno por asteroide. El viaje por el universo se debe a que en su asteroide natal se enfada con una flor, una rosa muy vanidosa en concreto.
El cuento es una crítica a los adultos, que olvidan que alguna vez han sido pequeños y a lo mucho que cambian al hacerse mayores. Me centraré en los seis personajes que conoce viajando de asteroide en asteroide y que son la personificación de algunos de los mayores problemas de las personas mayores.
En el primer asteroide que visita se encuentra con un rey. Un rey que ordena sobre todo su planeta y de una curiosa forma. “Hay que exigir a cada uno lo que cada uno puede hacer - replicó el rey - La autoridad reposa, en primer término, sobre la razón. Si ordenas a tu pueblo que vaya a arrojarse al mar, hará una revolución. Tengo derecho a exigir obediencia porque mis órdenes son razonables”. Cada cual que saque sus propias conclusiones. Para mi es de los personajes más entrañables, quiere mandar y que le obedezcan pero ni tiene sobre quien reinar ni el poder suficiente. De esta forma cuando el principito le dice que quiere ver un amanecer, el rey le contesta que lo verá cuando sea la hora del amanecer. De la misma forma cuando el principito decide partir, el rey lo nombra embajador al ver que no obedecía sus órdenes de quedarse.
En el segundo conoce a un vanidoso, lo único que quiere es que lo admiren aunque esta admiración no esté basada en nada y ni siquiera sea real. “Los vanidosos no oyen sino las alabanzas”.
El tercero era un bebedor. A mi es el que más tristeza me inspira ya que bebía para olvidar, olvidar que tenía vergüenza, vergüenza de beber. Sobran las palabras.
El hombre de negocios es el que más identifico con las personas de hoy en día. No paraba de contar, contaba las estrellas que según él poseía: quinientos millones. Y lo único que hacía con ellas era poseerlas. Era un hombre muy ocupado y muy serio para hacer otras cosa. Todos nos preocupamos por hacer cosas importantes y serias. ¿Pero qué son éstas? Todos sentimos que estamos muy ocupados en cosas serias. ¿Pero realmente son tan importantes y serias como para absorbernos de esa manera? Todos conocemos a los grandes multimillonarios que poseen sumas ingentes de dinero. ¿Pero hacen algo útil con él?¿Acaso muchos se merecen todo el dinero que tienen?
En el quinto planeta sólo había sitio para un farol y un farolero. Éste encendía el farol cuando se hacia de noche y lo apagaba cuando se hacía de día. Era la consigna. Pero año tras año el planeta gira más rápido y la consigna no cambia por lo que lo que un día dura un minuto. Así, el farolero no tenía tiempo para dormir, lo que más le gusta en el mundo. Para el principito es el único que no es ridículo, ya que “se preocupa de una cosa ajena a sí mismo”.
El geógrafo vive en el último planeta. Éste tomaba nota de los exploradores, pero él carecía de ellos por los que no sabía si su planeta tenía montañas o ríos. “El geógrafo es demasiado importante para ambular”. Así, al ver al principito lo tomó por un explorador, por lo que le interrogó sobre su pequeño planeta. El niño le contó que tenía tres volcanes y una flor. Pero las flores no eran importantes para el geógrafo ya que son efímeras. Al oír esto el principito se sumió en una gran preocupación ya que su rosa podía desaparecer en cualquier momento. Fue este anciano el que le recomendó que visitara el planeta Tierra. ”Tiene buena reputación”.
¿Con cuál os sentís más identificados?
El Principito tiene mucho que comentar para un único post, por lo que haré más de uno sobre este libro.
De sterrennacht, La noche estrellada, Notte Stellata… en definitiva un gran cuadro del holandés Vincent Van Gogh, mi pintor favorito.
En él predomina un cielo formado por grandes espirales, dándole una sensación de movimiento al cuadro, con la luna y unas estrellas enormes que resplandecen como pequeños soles. Las montañas parecen olas que van a romper contra el pueblo ahogándolo. Sensación que aumenta con su color, azul. Y es que Van Gogh hacía con los colores y la realidad lo que quería. El pueblo parece estar dormido. Sus casas no están dibujadas en detalle, más bien aparecen muy difusas, mezclándose con las copas de los árboles que aparecen al pie de las montañas. Excepto la iglesia, destacada entre las casas, que parece rasgar el cielo con su alta torre y puntiagudo tejado. En el margen izquierdo aparece un ciprés, muy grande en comparación con el pueblo. Las ramas parecen llamaradas verdes que se alzan hacia el cielo en constante movimiento, como mecidas por el viento. Los cipreses abundan en las pinturas de Van Gogh, y es que para él eran una gran preocupación. Él mismo escribe a su hermano Theo: “Los cipreses me preocupan constantemente. Quisiera hacer con ellos algo como en las telas de los girasoles, porque me sorprende que nadie los haya representado todavía como yo los veo. En cuanto a líneas y proporciones son tan bellos como un obelisco egipcio”.
El cuadro me atrapa por tres cosas, la primera, el contraste de colores. El azul del cielo con el verde oscuro del ciprés, ambos con el amarillo, que irradia luz, de las estrellas, la luna y del ancho sendero que se extiende por encima de las montañas. La segunda, la pincelada ya clásica de este gran pintor. La tercera y más subjetiva, las sensaciones que (me) evoca. Transmite calma, por el pueblo tranquilo y distante, y a la vez inquietud y movimiento, por las espirales del cielo que avecinan una especie de tormenta. A mi me inquieta bastante: ver el cielo en tanto movimiento, al borde de la tempestad y que el pueblo no se inmute y aparente esa calma fría, como si no se enteraran o que se sintieran protegidos por un ser supremo. ¿El ciprés?









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